obra contemporánea

Bordado a mano sobre lienzo. Medidas: 118 X 145 cm

 

de la serie NADA DE ESTO ES LO QUE PENSABA 

Durante todo ese día de verano, dos niñas trabajan con ahínco intentando armar

una carpa. Una de ellas manipula la lona con precisión, extiende y estira los

dobleces, organiza la estructura mientras que la otra sigue de cerca el

procedimiento: sostiene las estacas, espera indicaciones. La tarea llega a su fin

cuando cae el sol, se escuchan con fuerza los grillos y la laguna se vuelve oscura.

Se prometen dormir algo, aunque más no sea como parte del experimento. La

sensación de saberse cerca, con provisiones y una linterna, les basta para encarar

la noche que se avecina.

En el arte como en el juego, nos recuerda Graciela Montes, hay un tiempo y un

lugar propicio que se abren como hueco, como umbral para dar ocasión a

territorios desconocidos.

En este proceso de trabajo se parte de reconocer los lugares automáticos de una

profesión -el diseño- que pueden volverse limitaciones: márgenes trazados de

antemano, escalas cromáticas consideradas adecuadas, la idea de una pieza

acabada que se concibe como punto de llegada, entre otras posibles. Lo que se

presenta como exigencia o limitación puede devenir potencia cuando se pone al

servicio de un trabajo exhaustivo y metódico. Del dibujo a la tela, de la tela al

dibujo. Hacer, deshacer, rehacer. Volver cada día y tomar nota -a la manera de un

diario- de las repeticiones, los hallazgos, los desvíos.  Es la distancia la que

permite poner lupa sobre aquello que resultó apenas visible en un primer

momento.

 

Lo que se conquista es del ámbito de lo íntimo en tanto se busca armar un suelo

común para entrar en relación. 

Bordar puede ser un refugio. Una protección mágica, un antídoto. Una manera de

estar en lo que pasa y en lo que vuelve a pasar, diferente cada vez.

De repente, en medio de la tarea -hombro con hombro- escuchar los ecos de una

conversación que no recordamos haber tenido. Descubrir, entre la sorpresa y el

desnudo, eso que somos cuando menos lo esperábamos.

Clara Cardinal

 

María Laura Morales. Diseñadora Gráfica (FADU/UBA), actualmente cursa el Posgrado en Arte Textil (UNA). Su práctica integra diseño, docencia y artes visuales a través del textil, el dibujo y el bordado.

En 2026 presentó su muestra individual "Nada de esto es lo que pensaba" en Microgalería. Participó en exhibiciones colectivas como "La contemplación" (Legislatura, 2026), "Gloria gráfica" (2025), Proyecto ACE, CAAT y Casa Madre. Formó parte de los equipos de realización para las obras de Cecilia Vicuña (Malba y Pinacoteca de San Pablo, 2023) y Ana Teresa Barboza (Malba, 2022).

Fue seleccionada en la Bienal de Tapiz (Museo Sívori, 2021/23), el Salón Nacional de Artes Visuales (2025), el Salón de Junín (2025) y resultó prefinalista del Premio Itaú (2022/23). Vive y trabaja en Buenos Aires.

UNIR, ANUDAR, REMENDAR. MARIA LAURA MORALES

$2.600
UNIR, ANUDAR, REMENDAR. MARIA LAURA MORALES $2.600

Bordado a mano sobre lienzo. Medidas: 118 X 145 cm

 

de la serie NADA DE ESTO ES LO QUE PENSABA 

Durante todo ese día de verano, dos niñas trabajan con ahínco intentando armar

una carpa. Una de ellas manipula la lona con precisión, extiende y estira los

dobleces, organiza la estructura mientras que la otra sigue de cerca el

procedimiento: sostiene las estacas, espera indicaciones. La tarea llega a su fin

cuando cae el sol, se escuchan con fuerza los grillos y la laguna se vuelve oscura.

Se prometen dormir algo, aunque más no sea como parte del experimento. La

sensación de saberse cerca, con provisiones y una linterna, les basta para encarar

la noche que se avecina.

En el arte como en el juego, nos recuerda Graciela Montes, hay un tiempo y un

lugar propicio que se abren como hueco, como umbral para dar ocasión a

territorios desconocidos.

En este proceso de trabajo se parte de reconocer los lugares automáticos de una

profesión -el diseño- que pueden volverse limitaciones: márgenes trazados de

antemano, escalas cromáticas consideradas adecuadas, la idea de una pieza

acabada que se concibe como punto de llegada, entre otras posibles. Lo que se

presenta como exigencia o limitación puede devenir potencia cuando se pone al

servicio de un trabajo exhaustivo y metódico. Del dibujo a la tela, de la tela al

dibujo. Hacer, deshacer, rehacer. Volver cada día y tomar nota -a la manera de un

diario- de las repeticiones, los hallazgos, los desvíos.  Es la distancia la que

permite poner lupa sobre aquello que resultó apenas visible en un primer

momento.

 

Lo que se conquista es del ámbito de lo íntimo en tanto se busca armar un suelo

común para entrar en relación. 

Bordar puede ser un refugio. Una protección mágica, un antídoto. Una manera de

estar en lo que pasa y en lo que vuelve a pasar, diferente cada vez.

De repente, en medio de la tarea -hombro con hombro- escuchar los ecos de una

conversación que no recordamos haber tenido. Descubrir, entre la sorpresa y el

desnudo, eso que somos cuando menos lo esperábamos.

Clara Cardinal

 

María Laura Morales. Diseñadora Gráfica (FADU/UBA), actualmente cursa el Posgrado en Arte Textil (UNA). Su práctica integra diseño, docencia y artes visuales a través del textil, el dibujo y el bordado.

En 2026 presentó su muestra individual "Nada de esto es lo que pensaba" en Microgalería. Participó en exhibiciones colectivas como "La contemplación" (Legislatura, 2026), "Gloria gráfica" (2025), Proyecto ACE, CAAT y Casa Madre. Formó parte de los equipos de realización para las obras de Cecilia Vicuña (Malba y Pinacoteca de San Pablo, 2023) y Ana Teresa Barboza (Malba, 2022).

Fue seleccionada en la Bienal de Tapiz (Museo Sívori, 2021/23), el Salón Nacional de Artes Visuales (2025), el Salón de Junín (2025) y resultó prefinalista del Premio Itaú (2022/23). Vive y trabaja en Buenos Aires.